viernes, 15 de noviembre de 2024

Notas acerca de dar y recibir

Muchas personas podemos testificar que nos es fácil dar, ser atentos y considerados con los demás, actuar sin esperar nada a cambio; sin embargo, muchos de nosotros podemos decir que el acto de recibir algo nos es incómodo y puede formar parte de nuestras áreas de oportunidad, nos cuesta recibir.

Existe la frase "es mejor dar que recibir" que hace alusión a que dar es más valioso que recibir, como si recibir una atención fuera algo que no "deberíamos" esperar, algo "mal visto". Ante esto hay dos preguntas que podemos hacernos, la primera, ¿Y si esta frase la acuñó alguien que tampoco sabía recibir? Podría ser una forma de normalizar el hecho de no recibir nada a cambio después de una atención; la segunda, ¿Acaso no merezco la misma atención y consideración que puedo mostrar yo? Como si el hecho de ser compasivos no fuera algo que pudiera desarrollar toda la humanidad.

Dar es un acto de amor. Cada vez que das algo, estás depositando parte de ti en eso que das, sea un regalo, un cumplido o apoyo. Bueno, esa es la expectativa. El acto de dar tiene que ver con la gratitud, cuando das algo es como si estuvieras diciendo "me importas", "te quiero", "te aprecio", "tu presencia en mi vida no pasa desapercibida", "te valoro", etc. 

"Dar sin esperar nada a cambio" es una frase que se me viene a la cabeza en este momento, es algo que escuchamos constantemente, sobretodo cuando nuestros padres o vínculos primarios nos hablan de la amabilidad, cuando aprendemos este concepto. Sin embargo, creo que no es posible dar sin poner expectativas, sin esperar nada a cambio. Mínimo no cuando estamos hablando de relaciones interpersonales o nuestro tránsito hacia y por la vida adulta.

Si este es el caso, primero hablemos de cuando si es posible dar sin esperar nada a cambio. Cuando una madre alimenta y cuida a su recién nacido dar se vuelve un acto de amor sin expectativas, porque el bebé no puede retribuir ese acto y ni siquiera es conciente de que lo que recibe no es lo esperado. Lo mismo se puede decir cuando una persona cuida a su mascota, o cuando una persona planta un árbol o recoge la basura que hay tirada en la calle. Podría decirse que así dar se vuelve un acto sin expectativas, ya que de forma verbal o material no podemos ser retribuidos.


Al hablar de relaciones interpersonales con personas que pueden interpretar lo que significa recibir, concientes de sí mismos, es inevitable poner expectativas en el acto de dar. Por ejemplo, una madre en relación con un hijo adulto puede escucharle mientras le cuenta sus problemas y termina generando la expectativa de que va a regresar a contarle por ejemplo cada semana, o en una relación de pareja, una persona que estuvo esperando a su pareja que llega tarde, espera que su pareja la espere de la misma forma, también se puede dar que cuando una persona hace algo por alguien más, sin que se le pida, esperar que la otra persona le retribuya de la misma manera, y así muchos ejemplos como esos. Dejando en entendido que las expectativas se generan de forma no conciente.

El sacrificio de quien da.
Muchas veces las personas tomamos la postura de ser quien dá en una relación, quien termina posponiendo sus planes por el beneficio de la otra persona, quien termina reprimiendo sus necesidades para que los demás no tengan conflicto. Por ejemplo, llegó alguien de visita de forma inesperada mientras estamos comiendo y nosotros terminamos por darle más importancia a atender a esa persona aunque implique dejar de consumir nuestros alimentos. Tal vez tenga que ver con una cuestión cultural, atender a los demás antes que a nosotros mismos, lo cual implica que nos sacrifiquemos.

¿Qué es el sacrificio?

Esa palabra tiene una implicación religiosa que significa, renunciar a algo con el objetivo de obtener un beneficio. Como las personas que renuncian a los beneficios mundanos para obtener acceso al paraíso, o sacrificar a tu hijo con tal de obtener el reconocimiento divino; este pensamiento se ha trasladado a la cultura que, por ejemplo, renuncia a sus adicciones con tal de obtener una vida sana y mayor productividad. En estos ejemplos estamos hablando de un beneficio intrapersonal, ¿qué beneficio personal obtengo al renunciar a determinado objeto o situación que me da placer? Hasta ahí la parte funcional del sacrificio.

La parte disfuncional es cuando buscamos un beneficio impersonal a el sacrificio que estamos haciendo, cuando nos enfocamos más en la parte interpersonal y nos ponemos en segundo plano. Por ejemplo, en una relación de pareja una persona se sacrifica dejando que la otra persona le levante la voz con la creencia de que bajar la cabeza ante los gritos obtiene como beneficio que haya menos conflictos en la relación o que el conflicto no sea mayor, en este ejemplo el beneficio es interpersonal solo que no hay beneficio intrapersonal porque esa actitud favorece que la otra persona normalice gritar y eso afecta la autoestima y emociones de quien baja la cabeza, por eso el sacrificio, en este caso, no es constructivo.

Hablando de una relación interpersonal en donde hay un sacrificio, la persona que se sacrifica puede tomar la actitud de superioridad moral, "yo hice esto para tu beneficio, ahora debes complacerme con esto otro" y termina chantajeando emocionalmente a la otra persona, o también puede darse el caso de la victimización, "no te importó que hiciera esto para ti", lo cual puede favorecer a que la otra persona acceda a cosas por el hecho de sentirse culpable y no por querer construir su relación. Ambas actitudes terminan por dañar la relación.

La culpabilidad de recibir.
Si dar es un acto de amor, recibir es aceptar ese amor. Podríamos decir que recibir también es un acto de amor puesto que al aceptar lo que se nos está ofreciendo, estamos validando a la persona que da. "Tú consideración es recibida" y en ese momento es cuando agradecemos.

Sin embargo, cuando la otra persona se está victimizando por que no recibió lo que quería recibir y cuando nos está haciendo chantaje emocional, ¿Qué podemos agradecer? ¿Acaso agradecemos sentirnos culpables? O ¿Agradecemos el hecho de ponernos en segundo plano para complacer a alguien más? En este caso, recibir algo podría considerarse poner en riesgo nuestra integridad. Aunque suene dramático, recibir algo puede significar perder autonomía, perder control o seguridad sobre nuestra experiencia al acceder a hacer algo que no fluye con nosotros con el objetivo de complacer a alguien o satisfacer expectativas ajenas.


Tal vez "es mejor dar que recibir" es una frase propuesta por una persona que no quería perder su autonomía. La persona controla lo que da pero no puede controlar la forma o el sentido en que le dan algo, y eso nos pone alertas a la hora de recibir, aunque sea un acto de amabilidad. Es importante empezar a darnos permiso de vivir desde el amor, si damos algo, lo estamos dando desde el amor; si recibimos algo, estamos recibiendo amor y lo hacemos desde nuestro amor propio.

Si vas a dar algo, no lo hagas si lo haces para poder manipular o controlar a alguien, hazlo porque te nace y te importa el bienestar de la persona. Si alguien te da algo, un regalo o hace algo por ti, recíbelo con amor, no subas las barreras y reconoce que mereces amor.

Fernando Tinoco
Psicoterapeuta Gestalt

martes, 1 de octubre de 2024

El introyecto como limitante en la experiencia emocional del hombre

 

Por lo general tenemos la creencia de que los hombres somos fríos, que no tenemos emociones, que no sentimos; de que esta “bien” que un hombre no sienta o no exprese sus emociones. Esta información de alguna manera es cierta ya que el ambiente nos ha ayudado a normalizar esta creencia. Sin embargo, todas las personas somos capaces de tener emociones, de tener sentimientos, de sentir.

Entonces, si los hombres realmente sentimos, ¿Cómo le hacemos para que crean que no sentimos? ¿Qué pasa para que esta creencia se normalice?

En la psicoterapia Gestalt existe un concepto que se llama introyecto, este concepto se utiliza para nombrar un bloqueo en la experiencia del ser humano. Es decir, la existencia de un introyecto puede hacer que la experiencia no alcance la totalidad de su potencial. Por ejemplo, si yo tengo la creencia de que no se DEBE hacer ruido al respirar puede que bloquee mi experiencia y evite alcanzar el disfrute total de mi respiración ya que tal vez evite reconocer las sensaciones de respirar profundo y exhalar por la boca porque eso puede hacer ruido. Ahora, si esta conducta se normaliza es cuando se convierte en un introyecto. Entonces voy a seguir haciéndolo de forma automática, voy a generar la creencia de que TIENE que ser así, de que esta es la forma correcta de respirar.

Los introyectos son la base de la educación y del crecimiento puesto que a través de estos fue como aprendimos a relacionarnos con el entorno. Cuando éramos bebés dependíamos de los alimentos que nos daban nuestros cuidadores primarios y en nuestra niñez aprendimos a relacionarnos a través de las reglas y directrices que nos eran dadas por nuestras figuras de apego; esto nos ayudaba a incorporar conductas que nos permitieran ser parte del ambiente.

Para ejemplificar lo que es un introyecto me gustaría utilizar la analogía de comer. Cuando nos dan una uva y la masticamos, reconocemos el sabor; en caso contrario, si no la masticamos y solo la tragamos, no nos damos cuenta de si nos gusta o no, no nos es significativa la experiencia de comer uvas. La primera parte del ejemplo se puede decir que es la parte saludable del introyecto, ya que logramos asimilar la experiencia, la segunda parte del ejemplo es la parte no tan saludable del introyecto porque no reconocemos la totalidad de lo que está pasando y no lo interiorizamos.

“Un introyecto implica la incorporación de actitudes, ideas o creencias que no fueron asimiladas por el organismo”. (Salama, 2008).

Si hablamos de normas o reglas que no cuestionamos en el sentido de preguntarnos su utilidad para nuestra experiencia y solamente las adaptamos sin asimilarlas estamos generando un introyecto. Estamos tragando sin masticar.

Esto suele pasar muy frecuentemente con las emociones, no aprendemos a manejarlas de forma funcional. Aprendemos a reprimirlas. Un introyecto común relacionado a las emociones es que expresar las emociones es de gente débil, si yo expreso mis emociones me pone en una situación de vulnerabilidad en mi entorno. Otro introyecto es que un hombre debe ser fuerte. Combinamos estos dos introyectos en una conducta y nos da la siguiente creencia:

Un hombre no debe expresar sus emociones

Eso como un introyecto general. Es importante mencionar que la cultura, la sociedad, el entorno contribuyen a que el hombre tenga esta creencia ya que como aludí anteriormente, un hombre que expresa sus emociones se ve como poco elegible, dejemos de lado el hecho de que esto pueda (no siempre) ser relacionado con su orientación sexual, al hablar de mujeres heterosexuales que eligen estar en relación con un hombre y se dan cuenta que el hombre que eligieron es sensible, sale su introyecto y comienzan a verlo como no elegible.

Al hablar de situaciones sociales, podemos encontrar al introyecto presente cuando estamos en contacto con nuestros amigos. Hemos adoptado una conducta que nos sirve para ver la expresión de las emociones como algo no aceptable, si en un momento un amigo abraza a otro y le dice que lo quiere (asumiendo que no hay alcohol de por medio) no puede faltar el comentario “oh, hazte para allá” “ya vas a empezar de joto”. Esta última frase es políticamente incorrecta, no fluye con nuestra realidad actual, sin embargo, es importante reconocer que este introyecto está instalado en nuestra forma de comportarnos. Algo que se puede mencionar del introyecto es que se trata de adoptar una forma de conducta sin que esta fluya con nuestro yo.

Hace tiempo escuche un podcast en el que se hablaba de este tema, sinceramente no lo escuche completo, solo que hay algo que me llamó la atención. En el podcast decían algo así como: “Todos tenemos un amigo con el que podemos ser más directos y queremos, bueno, apreciamos para que no se escuche muy emocional” me llamó la atención porque el tema era los hombres que no expresan emociones y si nos damos cuenta, en este comentario esta saliendo el introyecto del que hablaba, "Está mal que un hombre sea emocional".

Existen introyectos específicos para cada una de las emociones básicas, los cuales me gustaría abordar:

Miedo. “No te asustes, actúa como los hombres” “Debes ser valiente”

Afecto. No es necesario que se verbalicen los introyectos, también pueden aprenderse desde las conductas, como por ejemplo, cuando un hombre se aleja o rechaza el contacto de otro hombre o de cualquier otra persona.

Tristeza. El introyecto común: “Los niños no lloran” “Llorar es de niñas, tú eres niña?”

Enojo. De cierta manera el enojo es una emoción un poco más aceptable para el hombre ya que se puede relacionar con su fortaleza y valentía.

Alegría. La alegría es una emoción que yo creo que no se reprime tanto. Sin embargo, si existe el introyecto de no ser tan efusivo y no expresarla.

Es importante que reconozcamos las emociones como elementos con el potencial de enriquecer nuestra experiencia. Si nosotros reprimimos nuestras emociones estamos rechazando lo que cada una de estas puede aportar a nuestra supervivencia.

Por lo cual, el que los hombres nos demos la oportunidad de sentir y vivir nuestras emociones puede ser de gran importancia para que estemos presentes en nuestro momento y de esa manera podamos experienciar cada vivencia.